DITE LA VERDAD

POR Aníbal Vega
25/08/2022

La vida es un compendio de situaciones a resolver. Cuanto mejor solucionador te vuelvas, mejor equilibrio vas a encontrar

Durante mucho años, más de los que desearía, viví atrapado en una vida sin propósito. Intentaba encajar en entornos sociales que no me representaban, porque tenía una baja autoestima y una constante sensación de vacío. No sabía qué hacer con mi vida, procrastinaba en cada intento de cambio y me sentía atrapado en un ciclo de frustración y falta de dirección, ¿Te suena todo esto?. Buscaba constantemente agradar, caer bien, sociabilizar y empatizar con todas y cada una de las situaciones que me encontraba en el día a día. Y, ¿Sabes? Eso me destrozó aún más, me di cuenta de que estaba en un pozo sin salida, le pedía a Dios de rodillas en en los pies de mi cama que me ayudara a encontrar lo que hacer con mi vida.

Mi energía estaba bloqueada, tanto física como emocionalmente. Mis hábitos me llevaban al autosabotaje, y la impaciencia por obtener resultados inmediatos solo aumentaba mi ansiedad. Me costaba concentrarme y cualquier distracción era suficiente para postergar mis sueños, los cuáles no tenía claros cuáles eran, quise ser policía, profesor de autoescuela, bombero, médico, arquitecto, cualquier cosa que mostrara que era alguien, que era importante. Y así pasé muchos años de confusión, de pérdidas de energía y enfoque y muchos obstáculos, tanto a nivel físico, emocional y mental. Pero en medio de ese caos, había algo en mí que nunca cambió: mi deseo de ayudar a los demás. Siempre tuve un corazón compasivo y la capacidad de conectar con las emociones de las personas.

El verdadero cambio comenzó cuando entendí que el primer paso para la transformación personal no solo es un proceso de equilibrio energético y emocional, también lo es mental, físico y espiritual. No se trata solo de cambiar hábitos externos, sino de sanar desde adentro. Mi primera gran victoria fue superar mi adicción al azúcar, lo que me permitió perder 42 kilos que no solo pesaban en mi cuerpo, sino en mi alma. Aprendí que la disciplina es una forma de amor propio y que el bienestar empieza cuando alineamos nuestra mente, cuerpo y espíritu.

Hoy, mi misión es ayudar a quienes se sienten perdidos a encontrar su propósito de vida y recuperar su poder personal. Mi experiencia me ha enseñado que el cambio es posible cuando trabajamos en nuestra energía interna y aprendemos a gestionar nuestras emociones. Si mi historia puede servirte como inspiración para dar el primer paso, entonces cada desafío ha valido la pena. Si tuviera que darte una reflexión principal para el cambio personal hoy en día es : DITE LA VERDAD.

Utilizamos cookies propias y de terceros para el análisis de tus hábitos de navegación y realizar estudios estadísticos, mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias y compartir o mostrar contenido de este sitio web en redes sociales. Si continúas navegando, consideramos que aceptas la utilización de cookies. Puedes obtener más información en nuestra Política de Cookies.